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domingo, 10 de abril de 2011

No existen las casualidades



He perdido mi bandera republicana. Estaba sacudiendo la constitucional (tenía polvo) y no me di cuenta de que la tricolor estaba también enganchada. Con lo cual, se ha caído al patio y la doy ya por irrecuperable. Un rato después me ha dado por mover muebles y limpiar a fondo. He encontrado debajo los tres últimos lunares de colores que podían quedar en casa. Uno rojo, otro amarillo y otro morado.

Se aproxima el 14 de abril y ocurren estas cosas. Hacía tiempo que no me acordaba.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Encogimiento


Es difícl escoger un recorrido para correr por Palencia sin salirse del término municipal. Aquí uno se siente como si estuviera en Liechtenstein, con necesidad continua de dilatación. No sé cómo lo hacía Marta en su día. Ahora ya no creo que se atreva a salir a entrenar y no sólo hablo de su estado de buena esperanza. Me ha dado tristeza al comprobar que incluso han quitado su foto de la fachada del Diario Palentino. Lo siguiente será que cambien el nombre del pabellón municipal de los deportes. Hay cosas que son inevitables.

Por lo demás, se ha ido el otoño y se nos ha metido el invierno en los huesos. Se ha ido también la energía. Durante los últimos años viene ocurriendo siempre igual. Mucho frío repentino. Por eso, se agradece cualquier dosis de cercanía y calidez espontánea. Aunque terminen por salir sabañones y tenga la lengua quemada por un caldo ardiente. Parece mentira que sea de Daft Punk una de las canciones de amor más bonitas y acertadas que jamás haya escuchado.



sábado, 3 de julio de 2010

Último examen


Esta mañana hice el último examen del curso. Me salió normal, ya veremos. Si miro atrás, me cuesta creer que haya sido un año tan prolífico, aunque he acabado muy cansado. Como supongo que habré aprobado todo, me quedan por delante casi tres meses para inventarme el día.

Acostarme tarde, con el Hablar por Hablar. Levantarme a mediodía. Hacer excursiones en bici con mis amigos. Cuidar de la finca. Cerrar los bares. Quizá una escapada. Salir a correr. Escuchar Los 40. Se irá improvisando.

Es una sensación curiosa. Se pasa de la plena actividad, de la intensidad agendada, a la relajación total. Probablemente será el último verano que pueda estar así. No sé lo que me espera por delante. Me da algo de "respeto" cuando me pongo a pensarlo, aunque también lo miro ilusionado. Serán muchos retos que superar, para concluir con una vida estándar. Seguro que será así. Qué otra cosa cabría esperar. Qué otra cosa me dejaría afrontar.


martes, 20 de octubre de 2009

Todo mojado


Primer temporal del otoño. Lo que no llueva entra el 15 de octubre y el 15 de noviembre no caerá ya durante el resto del año. De hecho, está recién estrenado el calendario hidrológico. Época de setas y de castañas. Antaño también de cacahuetes fritos los sábados por la tarde, como preludio de una sesión de fútbol nacional amenizado por pizza casera y sandwichs de salami.

Es curioso percibir cómo los fenómenos (atmosféricos), en principio regidos por las leyes del caos, se suceden con extraordinaria regularidad.

martes, 11 de agosto de 2009

Estrella


Me recuerdo bajo un puente y con mucho tráfico rodeando un gran edificio de El Corte Inglés. Supongo que sería el de Castellana, junto a la antigua entrada a Cercanías de Nuevos Ministerios. Mi madre al lado, pues habríamos venido a Madrid de excursión, acompañando a mi padre, que seguramente tendría una reunión en el sindicato.

Entonces, venir a la capital me excitaba, con tanta actividad por todas partes. Aquel día creo que fuimos al Museo de Cera, visita tradicional. En verano nos acercábamos al Zoo o al Parque de Atracciones.

Aproximadamente 25 años después vivo aquí. Cuando mi hermana veía pasar los días plácidamente sentada en el sofá, quejándose de que nadie la venía a buscar para ofrecerle el trabajo de su vida, consideraba que unos nacen con estrella y otros estrellados. Y pienso todas estas cosas sin sentido mientras escucho a Mari Trini y preparo la maleta para irme a Benidorm. El recorrido del glamour. Cambiar todo para volver atrás.

domingo, 7 de junio de 2009

Rescátame



05/06/2009
Un paseo por El Retiro, camino hacia la Feria del Libro, es un buen momento para reflexionar sobre las diferencias sociales. Los parques de juegos infantiles están muy bien vigilados por chicas de diversa procedencia, pero entre las que proliferan sudamericanas y del este de Europa. Sin duda, están dando un respiro a los uniformados niños, que probablemente se axfisian entre las paredes de los palacetes de sus privilegiados padres. Supongo que estas chicas para todo podrán cobrar en torno a 1000 € mensuales. No me cabe en la cabeza que alguien pueda ganar lo suficiente como para que le sobre tal cantidad de dinero al mes con la que poder entretener a su descendencia.

16/11/2007
La decoración tenía que ser de Miró.
Creo que necesito antibióticos de amplio espectro y medicación para todo. Me puede joder el hígado, pero a base de atiborrarlo de alcohol tampoco es que tuviera muchas expectativas. Que me vayan quitando las pastillas poco a poco, hasta que descubran si es lupus u otro tipo de mal.

Deambular por las calles, sin saber en búsqueda de qué. Ni siquiera tengo claro qué me falta, como para tener que buscarlo. Ni siquiera estoy seguro de estar buscando algo. Me cruzo con un chico y me imagino cómo podría ser la vida a su lado. Me gustaría más que la actual. Es guapo, me llaman la atención sus rasgos, parece buena persona. E inteligente, tendríamos grandes conversaciones. Mírame tú también, deténte un momento. Ven a por mí y rescátame. Incluso podríamos evadirnos hacia lugares que cuando era joven me provocaron ilusiones húmedas.

Pasó de largo, éste también. Me tengo que quedar conmigo mismo, aunque no me soporte. Pero, mientras tanto, ahogo mi ansiedad entre gotas de un dulzor amargo que relamo como si la felicidad me fuera en ello. ¿Ves? A veces no es necesario pronunciar nombres. En primera persona, también puedo hablar de ti.



miércoles, 6 de mayo de 2009

Energía


Ocho galletas. Es el número apropiado. Ni una menos ni una más, porque daría lugar a impar y es bien conocido que proporciona mala suerte empezar el día de ese modo. Con dos por debajo me quedaría con hambre, mientras que incrementándolas en dos me empacharía. Ocho galletas colocadas de dos en dos. Untadas con margarina y mermelada. Así me las preparaba mi madre cuando iba al cole, ya fuera por la noche, antes de acostarse, o por la mañana, levantándose conmigo.

Vuelvo a desayunar galletas, pero con algunas diferencias respecto a entonces. Las compro integrales o con trocitos de soja. La mermelada es de arándanos, porque una de las muchas oftalmólogas que he visitado en Madrid mencionó en cierta ocasión que es buena para la vista. Por último, ahora uso mantequilla. Mi madre nos daba ese otro sucedáneo vegetal porque en aquella época se decía que era más saludable. No puedo precisar si se trata de los mismos años durante los cuales daba miedo consumir aceite de oliva. Aunque quizá eso ocurrió antes de que yo naciera. Pero es que tengo tendencia a recordar cosas que ocurrieron cuando yo ni siquiera era un proyecto.

La mantequilla es light, por supuesto.

viernes, 5 de diciembre de 2008

No sé si podré terminar


Desde la ventana de aquel autobús, probablemente fui consciente por primera vez de que algo no se desenvolvía con naturalidad en mi vida. Volvía ya a casa, después de una mañana en la Universidad, en Valladolid. Les vi cruzar la calle y no pude dejar de seguirle con la mirada. Me sentí extraño, aunque no supe precisar por qué.

Cuando apareció por la facultad varias semanas antes para buscar a su novia, me quedé sin capacidad de proseguir con la conversación hacia mis compañeras. Algo se revolvió dentro de mí, pero la burbuja de la que me rodeaba me impedía llegar a discernirlo. Ya está, decidí, esto me pasa porque quiero ser como él, así de guapo, con aire de chico listo, su estilo, su cuerpo... Para mí era lo fácil.

Desde entonces, me fui acercando más a su novia, que me parecía una tía de lo más agradable. Con el pretexto de contarle cosas de su próximo destino Erasmus, donde mi mejor amigo llevaba un año pataleando, pasamos algunos ratos juntos, sin llegar a ninguna relación cercana. Cuando él volvía a hacer presencia, siempre era motivo de trastorno para mí. Nunca llegué a hablar con él. Mi compañera finalmente se fue al extranjero y él lo pasó mal. Sin embargo, siguió saliendo, divirtiéndose, lo normal para un chico de 21 años. Una noche bebió más de la cuenta e hizo algo que en otras condiciones de mayor control no se le hubiera ocurrido: se enrolló con otra. Lo que sentía hacia su pareja era tan fuerte que no pudo soportar la idea de afrontar el contárselo. Antes de que ella regresara, se tiró por la ventana de su casa y se mató.

Hacer las cosas bien no es fácil. Tratar con las personas a las que quieres recome a veces el alma. Cometemos actos que nos complican más allá de lo esperado. No he encontrado aún el arte del término medio, ese equilibrio que ayuda a mantenerse estable dentro de esa emoción vital que tú tan bien conoces.

viernes, 17 de octubre de 2008

Anhelo político


Este gobierno que el pueblo nos ha concedido tiene que hacer algo al respecto. La legislación que ha promovido se ha caracterizado siempre por su progresismo en el ámbito de lo social. Bastaría incluso con que incluyeran la lección en la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Pero además, en este caso particular, se trata de defender los legítimos intereses de la patria, así como de proteger la salud de los individuos con buen gusto.

Por favor, que se prohíba el reggaeton ya.


sábado, 20 de septiembre de 2008

Color sepia


Los recuerdos se arrugan en la memoria como fotografías antiguas.
Se las enseñamos con satisfacción a las visitas, pero permanecen archivadas para los de casa. Y dificilmente accesibles para uno mismo. Por fortuna. A veces. Sólo a veces.

miércoles, 18 de junio de 2008

Deporte en evolución


De pequeño, las tardes de los sábados culminaban en una fiesta culinaria casera a base de pizzas y sandwiches varios que mi madre cocinaba en el horno de gas butano. Nos servían para acompañar el partido de liga que ponían en la Segunda cadena de TVE. Entonces veía hasta los partidos de pretemporada del Madrid. Pero el baloncesto era mi favorito, e incluso jugaba en el equipo del cole. En clase de gimnasia aprendí también voleibol, beisbol, badminton, fútbol, balonmano y diferentes modalidades de atletismo. Pero en toda conversación que se preciara, tenía que aparecer Perico Delgado y, poco después, Induráin y sus gestas en el Giro de Italia y el Tour de Francia. Montañas como el Mortirolo, L'Alpe d'Huez o el Tourmalet emanaban dosis de patriotismo épico a imitar.

Más adelante, empecé a seguir las retransmisiones deportivas como forma de evadirme durante la época de exámenes. Mi favorito era el tenis. Los torneos "Conde de Godó" y, sobre todo, el "Roland Garros", amenizaban las mañanas de Mayo y Junio, que transcurrían entre el frigorífico y Nietzsche. Pero incluso me seguía atreviendo a practicar deporte con mis amigos de Palencia. Eran míticas nuestras excursiones en bicicleta por los montes próximos, así como las continuas revanchas al tenis en las Eras de Santa Marina.

El deporte también me distrae ahora. Dentro del modelo de vida apresurado que me he dado, tan sólo queda hueco para el gimnasio. De vez en cuando cae algo de piscina y carreras varias, si es que el andar acelerado cuenta. Para ver un domingo desde el sofá, prefiero las motos, el tenis y los grandes partidos de fútbol, pero durante los Juegos Olímpicos me trago todo. Todo ello porque:
  • La sonrisa aniñada de Stoner queda siempre estupenda en el podium de GP.
  • Me encanta disfrutar con la imagen del culo de Nadal, apretado entre sus pantalones piratas blancos.
  • Vibro con la selección española en esta Eurocopa, que tanta testosterona genera a lo ancho del país, para alegría de todos.
  • Y ya estoy esperando el escenario que habrán preparado los chinos para los saltos de natación. La figura estilizada de sus protagonistas quedará muy plástica, esbozando figuras imposibles desde la plataforma.
Sí, definitivamente me he amariconado.




viernes, 6 de junio de 2008

Llorones


Una gran zona de céped, con tres sauces llorones, uno en el centro de un fondo y los otros dos en las esquinas del extremo opuesto. La casa en primer plano, coronada por una chimenea humeante. Y, omnipresentes, en el lateral izquierdo, los columpios: peligrosos, divertidos.

Cuando en el cole me pedían hacer algún dibujo, yo era monotemático. Siempre había una excusa para plasmar esta escena que me resultaba tan cotidiana. Pasé mi infancia - juventud en lo que llamaba la tierra, una finca rústica a las afueras de Palencia. Hasta que algunas circunstancias obligaron a deshacernos de ella.

Con imaginación, mis padres supieron transformar lo que fue un campo de trigo en un lugar donde pasar las horas de ocio. Con mucho sudor de por medio. En cuanto tuve algo de razón, me lancé a ayudar en todo lo posible. Junto a mi abuelo, aprendí a cultivar lechugas, tomates, judías, pepinos, calabacines, patatas, cebollas, ajos, pimientos, puerros, guisantes, setas, fresas...
Sabía distinto comer directamente del árbol almendras, moras, melocotones, peras, manzanas, grosellas, cerezas o ciruelas. Quizá porque conocía la dureza de todo el trabajo previo que había llevado recoger el fruto. Luego llegaba la época de hacer mermeladas, cocer tomate para conserva o los veranos interminables en los que día sí y día también comíamos judías verdes.
Por no hablar de las tareas relacionadas con el cuidado del jardín, la albañilería en general o la mecánica.

Gracias a la tierra pude aprender de verdad el valor de las cosas y el esfuerzo que supone conseguirlas. El acercamiento al entorno servía para una constante reconciliación conmigo mismo. Difícil de creer, para quien sólo me conoce en mi faceta de urbanita actual. Pero mi forma de ser es heredera de lo aprendido en aquellos tiempos. Lo que soy, hunde sus raíces en la maduración personal acelerada que viví allí. La mejor formación que jamás he recibido.



lunes, 5 de mayo de 2008

Que te compre quien te entienda


Fulanito tiene 30 pesetas.
Si Fulanito le da a Menganito un duro por su cromo del Renault 25.
¿Cuántas pesetas le quedan a Fulanito?


Prácticamente todos los ejemplos de matemáticas del cole estaban protagonizados por los mismos personajes: Fulanito, Menganito y, en caso de necesitar a un tercero, Frutanito. Estábamos muy familiarizados con ellos, formaban parte de nuestro día a día. Por ello, no acertaba a comprender el cabreo de la profe con mi hermana, cuando le recriminó el que, durante el recreo, gritara a una niña ¡Fulanita!

En aquella época mis padres también hablaban en un lenguaje cargado de oscuridad. Por ejemplo, recuerdo cuando me decían, aludiendo a mis ya demostradas rarezas: ¿Quién te la comerá? Todavía sigo dando vueltas a tal expresión. Porque me resulta impensable que quisieran darle el significado que ahora enseguida se me viene a la mente.

Pero la frase que más me repetían entonces era: Que te compre quien te entienda. Por lo incomprensible que era, ¿acaso mis padres me querían vender? ¿Cuánto pagarían por mí? En las conversaciones actuales, el precio de alguien tiene ciertamente connotaciones algo diferentes.

Nos hacemos cada vez menos inocentes (no sé si también más maduros). Con lo fácil que se manejaba uno dentro de un cuento... Pero, aunque las novelas actuales se encuentren mucho más elaboradas, lo que nunca puede faltar es un príncipe con el que se pueda soñar.